lunes, 31 de enero de 2011

Las mujeres... ¿de hoy?

Hace poco tuve acceso a conversaciones y comentarios publicados en facebook de gente relacionada a mí, que de alguna manera choca con mi manera de pensar y con cosas en las que creo. Debo admitir que no me considero para nada una feminista acérrima, pero sí alguien con cierta experiencia que ha vivido más de una vida gracias a mi trabajo como maestra.

Fui a la universidad a estudiar la carrera de mis sueños y me he desempeñado como maestra por más de 11 años, he disfrutado conscientemente de mi soltería y de los frutos de mi trabajo en cosas como ir al cine (más de dos veces a la semana), salir a comer, ir al karaoke, viajar, viajar... y demás cosas propias de la juventud y de la soltería. Cuando tuve enamorado, salía y disfrutaba de las cosas propias de las parejas sin ningún tipo de remilgo o angustia económica, pues mi dinero (bien ganado) podía cubrir ello; y nunca salí con vividores, lo que nos permitía compartir gastos que es lo lógico. Alcancé, además, el sueño del depa propio y de las cuentas que este sueño traía consigo. Viví sanamente, laborando 12 horas al día (porque quería y podía), yendo al gimnasio dos horas diarias y estando con mis padres los domingos.

Siempre pensé que al casarme muchas cosas cambiarían, y ojo no me considero una mujer del siglo XVIII ni una futurista, solo, que creo y estoy convencida que los tiempos han cambiado y en ello han contribuido mucho mi generación, pues las mujeres de mis tiempos se casan bordeando o pasando los 30 sin temor, trabajan durísimo, tienen o no hijos; y, por último, si quieren: No se casan; y, por ello, no son mojigatas, ni se les pasa el tren o son viejas arrugadas y tristes. Es más puedo asegurar que las de mi generación están dando la hora.

Lamentablemente, he venido observando una oleada, algo fétida y que está arruinando nuestros logros: Las veinteañeras desesperadas por casarse y ser las amas de casa perfectas, que consideran que al tener un hijo se debe dejar de trabajar porque de lo contrario los hijos pueden presentar traumas futuros e irreversibles.

Soy hija de una mujer que toda la vida ha trabajado, mi madre: Edith, es una mujer fuerte que aun a sus 63 años sigue trabajando, como lo leen: MI MADRE SIGUE TRABAJANDO. Y yo, una mujer de 36 años, me considero una persona sin trauma alguno y muy querida por mi madre; que aunque no haya ido a mis actuaciones de primaria ni a mis entregas de diplomas en la secundaria, es feliz y está agradecida por todo el sacrificio que ella hizo por hacer de mí una mujer de provecho, trabajadora y humana.

Omito a mi padre en este artículo porque mi tema son las mujeres.

En fin, volviendo al tema, me congratula saber que las mujeres de mi generación, no han seguido las reglas establecidas por la sociedad, cada una ha seguido su ruta a la felicidad y gozan de lo que la vida les ha dado, asumen su vida feliz con lo que tienen sin mirar al costado ni ver el reloj del tiempo como algo que marca los pasos que debieran dar.

Yo soy una mujer que trabaja, he virado mi vocación a la corrección de escritos, estudia mucho y se ocupa de su casa, sí, pero en su justa medida, sin reclamos ni exigencias; pues mi esposo, ser inteligente y de sus tiempos, colabora con las cosas del hogar, como debe ser en este siglo XXI y por el hecho de que ambos compartimos gastos y deberes propios de nuestra vida en común.

Cada uno sabe qué le toca hacer en la casa, y sin necesidad de exigirse hay la colaboración que se requiere cuando se desea vivir en orden y armonía.

Claro, me dirán algunas: "Ahora, porque andas de Luna de Miel"; y, "sorry", voy por 5to. año de casada, ya murió esa frasecita dicha en forma cachosa, pero sin burla ni ironías, podría afirmar que lo mío es una eterna Luna de Miel, como debiera ser un matrimonio, ¿no? Cuando se está en pareja, la vida cambia en la medida que se procura la mutua adaptación, pero en esencia somos los mismos y conservamos lo que somos como una contribución a lo que llamamos "nuestra vida juntos".

Claro, me dirán otras: "Ahora, porque no tienes hijos"; disculpen, pero considero que para tener hijos no hay nada mejor que una pareja sólida, que se conozca bien y que esté consciente de que un hijo significará un nuevo giro al que se procurarán adaptar. Los hijos deben ser la cereza del helado, no la goma o cola que junte a dos personas, porque un helado sin cereza también se puede comer y disfrutar, se le puede poner otro aditivo, tal vez un rico chocolate derretido encima... no lo sé.

Los hijos son una bendición, un cambio en la vida pero para mejor, no deben ser la causa de truncar nada y menos la vida personal de una mujer que se siente satisfecha con lo que ha logrado. A los hijos se les debe dar calidad de tiempo, explicarles las circunstancias de la vida, entienden, no son tontos. Los hijos crecen bien, si los padres, saben ser buenos esposos (si son pareja que cría); pero si es es sola o solo con un hijo por el mundo, los hijos crecen bien, si se sabe satisfecha con su vida (no como loco o loca buscando pareja nueva o reemplazo) sino siendo una profesional, enfocándose en su nueva realidad, y siendo responsable con la vida que ahora comparte con ese ser que, aunque no ha pedido venir al mundo, comparte sus vida ahora.

Las mujeres lo quieren todo, lo tienen todo, ¿implica sacrificio? sí, pero eso es parte de lo que cada una desee para sí. Las mujeres han ampliado sus opciones, no necesariamente tiene que casarse y tener hijos para sentirse completas. Ahora pueden quedarse solteras o casarse y no tener hijos, si lo desean.

Nada está escrito o reglamentado, elijan a su gusto, qué desean para sí y vayan tras ello, sin presiones ni exigencias, solo por placer; y disfruten de todo lo que tienen ahora, hoy es un buen momento para hacerlo.

PD. SOLO PARA ACLARAR EL TÉRMINO PLACER UTILIZADO EN ESTE POST Y SEGÚN LA RAE:

placer2.

1. m. Goce, disfrute espiritual.

2. m. Satisfacción, sensación agradable producida por la realización o suscepción de algo que gusta o complace.

3. m. Voluntad, consentimiento, beneplácito.


1. loc. adv. Con todo gusto, a toda satisfacción, sin impedimento ni embarazo alguno.

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