martes, 27 de diciembre de 2011

Y se fue la Navidad...

Ya han pasado tres días desde el 24... porque para mí todo el 24 es Navidad y el recuerdo que tengo del día en sí fue lindo, estuve con la familia de mi esposo y comimos rico y la pasamos bien en compañía de todos ellos, escuchamos música, hubo niños, hubo regalos, hubo una pequeña oración antes de la cena y mi adorado y yo pusimos el niño con el mismo agradecimiento y el mismo deseo.

Sin embargo, ayer mismo me sorprendí haciendo algo que me había prometido no volver hacer al estar aquí, si no me hubieran encendido la mecha, otra habría sido la historia: terminé reviviendo en mi memoria y en mis palabras la última discusión absurda que tuve con una persona cercana a mí: reviví su intolerancia, su incapacidad de buscar un punto medio de solución, su cerrazón para aceptar mis aportes de solución y su forma de hablarme, perdón de GRITARME... porque no hablaba, gritaba...; reviví mi parsimonia, mi incapacidad de reaccionar y no sacarle la m... o por lo menos darle una bofetada para que reacciones, baje su histeria y por lo menos deje de gritar... reviví a la tercera persona que no quería meterse y observaba todo con temor del cómo acabaría ese episodio más de pleito, su incapacidad de poner orden por temor a ser juzgada de tomar partido, su incapacidad de imponer respeto, por lo menos para hablar con el mismo volumen... pensé que comiéndome mi cólera e indignación se acabaría, pero no... me sentí mal, casi enfermé al día siguiente y me duró mucho más que solo ese día... es hasta ayer que sorprendí a mí misma de mi resolución para el año que viene... en realidad son varias pero apuntan al mismo fin...

- No hablaré más de mis conflictos con esa persona, no porque raje de ella, trato de evitarlo, sé que en parte soy culpable de la mala relación, pero el admitirlo para mí ya es un gran paso; lo haré porque no quiero que me duela su pésima actitud hacia mí.

- Me di cuenta al hablar de esos conflictos revivían en mí emociones de manera que alimentaba un lado de mi persona que dejé en el trabajo y que me había propuesto, hace mucho más de dos años, no volver a sentir.

- Me di cuenta que mientras siga hablando de esos conflictos, no pasará pero sé que debo dejar de darle importancia a una persona con la que no guardo ninguna afinidad, dejar de pensar que cambiará o intentar cambiar por tener una mejor relación... ya no... lo mejor: la distancia en todos sus sentidos.

- Me di cuenta que debo quedarme con las cosas buenas que me da la vida, con las personas maravillosas que sin ser cercanas a mí: son mi familia y existe un vínculo de fraternidad, de amor, respeto, tolerancia y cariños sinceros; me debo quedar con lo bueno de esa persona: que en lo momentos difíciles de las personas con las que estamos vinculadas, está; y eso cuenta mucho, al menos para mí; para mis momentos difíciles sé con quienes contar y eso vale mucho para mí y gracias a Dios tengo con quienes contar siempre incondicionalmente.

- Así que para cerrar la primera parte de mis propósitos para el 2012, rescataré las cosas buenas de esa persona y las resaltaré en cada oportunidad que tenga que hablar de mi núcleo más cercano; pero si me encuentro cercana a mencionar cómo me lastimó o sus malas actitudes; callaré... será difícil, pero aprenderé: los milagros de la distancia asociado con la no convivencia producen un olvido esporádico pero sano; y por último, y lo más importante: No me sentiré herida por esa persona a partir del 2012, no me importará si se acuerda de mi cumpleaños o no, o si me trajo algo por Navidad o se acordó de que llegaba y esperar inútilmente un detalle de ella; tampoco los tendré (me dolerá), pero será lo mejor para ambas. Si no das, no esperas... es lo justo...


1 comentario:

Anónimo dijo...

que tu deseo se haga relaidad y sin que tes des cuenta llegara asi solito