Cuando deseas algo como nosotros lo deseamos, necesitamos algo pequeño que al menos nos indique que vamos por buen camino. Eso ha pasado.
Desde que inicié mi viaje a Lima, me sentí cuidada por Dios... Pasé cosas muy simpáticas por no decir complicadas pero solo con Él y gracias a Él pude salir airosa y sentirme tranquila.
Por lo demás, el viaje y el esfuerzo que hemos venido realizando con mi esposo precioso están dando sus primeros frutos: gratos y dulces. Vemos la luz al final del túnel y eso nos llena de alegría, fe y esperanza... Mucha, mucha fe. La necesitamos pues lo que queda es solo paciencia.
Gracias, Dios por tu infinita misericordia.
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