martes, 7 de junio de 2011

Renuncié

Cosa curiosa, pensé sentirme liberada y hasta feliz de hacerlo cuando iba camino a dejar mis papeles (que con mucho esfuerzo nocturno y matutino pude agrupar, sellar, redactar, pegar, firmar, etc.); sin embargo, no fue así. Ya no quise ni siquiera volver al cole a informar por escrito y decidí hacerlo por teléfono. Llegué a casa y mi papito, profesor también, me preguntó: "¿Y?, ¿cómo te fue?"; yo: "Me siento rara, diría que hasta triste, sí, eso, me siento triste..." Mi padre: "Claro, te ha costado. Además, es tu vocación"... Yo: "Lo extrañaré. Lo extrañaré mucho." ¡Horror! Me siento triste.

Esto de renunciar es una idea que venía encubándose, formándose y creciendo a partir de octubre del 2009 y que estuve decidida a ejecutar en febrero de 2011; sin embargo, la salud y otras cuestiones hicieron que postergue su concreción hasta hoy... hoy, 7 de junio de 2011, fecha en que me he dado cuenta que irremediablemente soy maestra, que me apasiona enseñar, que formar seres responsables y emprendedores es una lucha que tomo en serio y por la que soy capaz de dedicarle mi vida; fecha en que también me he dado cuenta que no puedo tenerlo todo, no ahora por lo menos, pues es por eso que renuncié porque por ahora otras situaciones de índole personal y familiar me ocupan al 100% y ello me impide, de momento, llevar una vida laboral en paralelo; al menos, el de ser maestra.

Afortunadamente, me queda mi otra chamba, la cual no se contrapone ni se ve obstruida por horarios, alumnos, padres, exámenes y demás... esta otra no requiere de horarios, solo de fecha límite e implica leer (actividad que no me cansa y fascina)... Como se puede notar, trabajo y vocación han encontrado su punto de quiebre; tengo trabajo pero, de momento, no ejerceré la docencia. Dejaré de lado lo que ha sido por muchos años, no solo mi primera fuente de ingresos (nada despreciable, aunque desgastante emocional, física e intelectualmente hablando), sino lo que me ha definido como ser humano hasta hoy.

Camino a casa recordaba cómo el colegio fue abriéndome los ojos al mundo, como el colegio es un pequeño Perú: todo lo bueno, todo lo malo se junta. Lo pésimo: los malos docentes (acosadores, timadores, los que cobran, engañan, etc.), los malos padres (alcahuetes, nada formadores, workaholic, los que creen que lo material es lo único importante, etc.); lo mejor: los alumnos (sus ocurrencias, bromas, penas, problemas, sus malcriadeces - solo buscando llamar la atención-, su mundo complejo...).

Soy maestra, no solo la profesora, no solo la "miss", la "teacher", la "profe", la "señorita" (aunque esté por cumplir 5 años de casada); soy maestra porque no doy solo clases de una asignatura sino porque formo personas y me esfuerzo en lograr esa meta con todo lo que sé, con todo lo que soy. Tal vez, lo haga mal, es lo más seguro; pero le pongo ganas, me entrego a ello y estoy convencida de cuál es mi misión... y nadie podrá decirme lo contrario o negar que es así.

Soy maestra, seré una maestra sin ejercicio en el arte de enseñar por el momento, por un momento; pero regresaré a ello en un tiempo más. Por ahora, me esperaré y prepararé para cuando sea el regreso; porque enseñar es mi vocación y ser maestra, mi vida.

¡Hasta luego, queridos alumnos!

1 comentario:

Maribel Aguilar dijo...

Amiga, solo un maestro como tú puede entender todo aquello que sientes, te entiendo y se que será un proceso largo acostumbrarte a no ir a tu "Cole" como decimos a veces nosotros al referirnos a nuestro centro de labores, pero tú sabes que es por algo muy importante, algo tal vez más importante que tu vocacion de maestra, todo va a pasar el tiempo pasa rápido y de aca a algunos años de seguro volveras a pisar las aulas de algun colegio. Sabes que siempre estaré para escucharte y apoyarte. Un beso.