viernes, 22 de abril de 2011

La confesión...

En Semana Santa, procuró estar en casa y reflexionar o simplemente vagar en la comodidad que me ofrece MI CAMA y MI DORMITORIO, claro, además de contar con Internet y cable como que la vagancia se torna algo placentera pero sobre todo seductora, al menos para mí, que eso de los ratos de ocio me los tomo tan o más en serio que mis periodos laborales.

Pero volviendo al punto, en Semana Santa aquí, en la Lima - Perú me puedo dar ese lujo porque aquí es feriado, en USA son días comunes y corrientes. Eso de pertenecer al mundo católico en nuestro país ha retribuido en días religiosos de "sano esparcimiento". Sin embargo y ya dejando de lado la anécdota debo decir que además de mi lado solitario y relajado, cada vez que estoy en Lima busco refugio en Dios y voy a misa los domingos muy temprano y participo de los rituales en la medida que me sienta bien conmigo misma en hacerlo.

Como parte de las celebraciones por Semana Santa, el lunes hubo la misa del perdón gratuito, y como decía yo, colocan bolsas para que la gente deposite su papelito con sendos pecaditos o pecadotes, los cuales son arrojados e incinerados y a la culminación de tal acto se dan por perdonados y tu alma vuelve a ser limpia hasta que a los 5 minutos un imprudente peatón se cruce y le mentes la madre, o tu esposa te pida dinero para los gastos de la casa y le recrimines o saliendo de misa te encuentres con la querida, u otros cosas que ya te hicieron nuevamente salir del redil y ser la oveja negra que tratará de buscar siempre el camino de retorno al pastor amado.

La otra situación y que también forma parte de la misa del perdón es que por ese día hay un montón de curas en los confesionarios quienes a la vez confiesan a cientos de feligreses culposos (como yo) que no ven bien merecido el escribir sus pecaditos y ya... queremos y estamos convencidos que merecemos una buena penitencia por las sivergüenzuras cometidas y por los daños a terceros ocasionados por la locura, ímpetu o desenfreno propio del abandono no solo de la vida espiritual porque en realidad va más allá de eso, es, creo yo, el abandono de sí mismo, de no quererse lo suficiente para negarse a caer en la TENTACIÓN o TENTACIONES. Es muy fácil decir "la carne es débil" y más suponer que el perdón llegará porque Dios es todo amor o porque nadie me vio o nunca me descubrirán.

Lo cierto es que uno puede escapar de todos menos de uno mismo y, claro, de Dios, siempre y cuando asumimos que él está en todas partes y todo lo ve. Uno no puede escapar de la culpa, de la angustia, de saber que ha traicionado o que ha dañado algo bueno o a alguien bueno en su arrebato desmedido y sin meditación. Nada justifica, terminas analizándolo profundamente, nada justifica la traición no solo a otro sino a sí mismo; sí, porque eso terminamos haciendo traicionándonos a nosotros mismos a nuestras creencias, a nuestros valores, a lo que queremos y a lo que verdaderamente importa en nuestras vidas.

Terminé por convencerme de que debía enfrentarme a mí misma ante un cura y lo hice, luego de casi 5 años sin confesarme, fui, esperé, hablé, saqué toooooooooooooooooodo lo que aún me agobiaba, no porque viviera el "pecado" aún, sino porque a pesar de todo lo feo que sé que hice, atravieso un momento de mi vida que no creía merecer y que vivía cada día con alegría y cierta nubosidad culposa que quería eliminar y que ahora logré despejar. Me enfrenté a mí misma y ahora me siento mejor con Dios y conmigo misma y creo que eso es lo mejor que me ha podido pasar hasta ahora.

Agradezco a Dios su infinita bondad y las formas tan maravillosas de hacerme saber que está conmigo cada día.

1 comentario:

Anónimo dijo...

no me confiesod esde que di mi primera comunion y bautizo porque los di juntos xD, que bueno que te sientas bien, pase por tu blog soy una lectora me gusta tu blog derrepente me anime y escriba el mio