lunes, 7 de febrero de 2011

¿Optimista, yo?

Siempre hay que ponerse en todas las situaciones posibles a fin de que la que resulte presentarse, no nos tome por sorpresa.

Soy de la que siempre se pone en la peor de las situaciones, como para no sufrir mucho o que no duela demasiado, claro lo que nunca he calculado o previsto es la dimensión del posible sufrimiento o dolor, y al fin y al cabo duele y mucho, a veces mucho más de lo que se creía posible. Mi consuelo en dicha situación es sencilla, sabías que pasaría, ahora solo súfrelo, llóralo y pasará, como todo lo que pasa... se va, se va, a veces para quedarse como un recuerdo vago e inocuo u otras se desaparece o esfuma, claro, eso toma tiempo, pero sucede.

Cuando me pongo positiva, eso sí me da miedo, cuando creo que hay un 95% de probabilidades, cuando calculo que no hay pierde, pero igual pierdo... ahí sí, me jodí. El positivismo no me ha redituado mucho, mejor dicho, nada... ni siquiera para decir poco, jamás he obtenido beneficio alguno de él; por eso siempre mi postura de ponerme en la peor de las situaciones, de estar con un negativismo que hasta el momento me ha permitido sobrevivir sin sobre saltos, sí con dolor (por si acaso), pues eso no lo puedo calcular o evitar por más esfuerzo pitonisos que haga.

Ando en una pequeña encrucijada, bueno, la verdad, no tan pequeña. Esta me obliga a tener el ánimo en alto, el galón lleno de esperanza e inyectarme positivismo forte directo a la vena; me da miedo, y caigo en el cuestionamiento típico de mi yo. Problematizar las situaciones fuera de mi mano son mi especialidad, había dejado de serlo, había tomado tanta práctica en mi negativismo; que al tener que irme al otro polo, vuelvo a mis orígenes problematizadores pero en un grado desconocido y altamente complicado. Cuestionarme en negativo, se había vuelto más sencillo, he demostrado que soy capaz de decir mis defectos sin tapujos ni prejuicio alguno, de caerme en la calle porque a veces se me olvida cómo caminar con tacos y levantarme, así medio Lima me esté mirando; de decirle en mi trabajo a cada quien de hasta lo que se va a morir y seguir adelante con mi día a día; de invitar a mi boda a solo 2 personas de toda la "people" con la que he trabajado por más de 6 años, y saludar y seguir como si nada (así me estén mirando con su cara de resentimiento, ridículo francamente); de dejar pasar situaciones pasadas que en su momento fueron duras y difíciles, para dar paso a nuevas experiencias y momentos sin ningún tipo de remordimiento o reclamo... y lo hice más movida por mi negativismo y convicción que por ser un alma noble que quiere estar en paz. Me cuestioné cada caso en momento y en cada uno me puse en la peor de las situaciones, vi que las superaba y adelante...

Ahora, entro a una etapa desconocida, no tengo ni una "p" idea de cómo empezar: esperanza, paciencia, y si no resulta, más esperanza y más paciencia... eso es lo negativo, mi siempre y resuelta manera de pensar que en los hechos siempre ha traído como consecuencia: depresión, angustia, desconsuelo, enojo, frustración, casi blasfemia... y dado que me desagradan todos los sentimientos que ese negativismo me acarrea, hay que virar el timón, hacia la playa del optimismo donde el sol de lo que todo se puede, ilumina; donde la arena infinita de esperanza es incontable; donde el mar de la paciencia, te deja en cada ola su baño de creencia. ¿Y ahora qué?, mejor ahí no más. Cuando acabe de suceder el hecho, veremos si mi balanza si inclina al positivismo y lo sigue alimentando.

1 comentario:

Adolfo Payés dijo...

Después de tanto tiempo, espero poder ponerme al día con todos y todas..
Recomenzar el año con la vida en brazos es lo mas bello del amor..

Un abrazo
Con mis
Saludos fraternos de siempre...