lunes, 13 de diciembre de 2010

No hay obligación...

No hay obligación de querer a nadie ni de escribir si no se quiere, como tampoco hay obligación de querer estar al lado de quien se ha dejado de querer.

No hay obligación de mandar un mensaje a quien no está presente, ni de decir te quiero al ausente, como tampoco hay obligación de contar una historia o cuento al que lejano se encuentre.

No hay obligación de extrañar a lo que no se tiene, a lo que se tuvo y ya no, ni a lo que se tuvo y se quebró; como tampoco hay obligación de preguntar cómo estás solo por cumplir nada más.

No hay obligación de hablar si no se tiene palabra en la boca, si no hay inspiración de decir, si no se tiene nada qué contar; como tampoco hay obligación de hacer partícipe al que no está de los acontecimientos de la vida que no vive.

No hay obligación de creer en nada ni en nadie si no hay fe o se perdió, como tampoco hay obligación de pedir a Dios si se sabe que se pecó.

Nadie puede obligar a nadie a hacer lo que no se quiere, lo que no le nace, lo que no se motiva o simplemente no se inspira. El cariño, el amor ni la amistad pueden ser forzados, deben salir del corazón en un acto natural y lleno de sinceridad.