miércoles, 24 de noviembre de 2010

Declaraciones, pretendientes y algunos besos más.

Cuando tuve 13 años e iba camino a mis 14, andaba metida en mis estudios; sin embargo y sin querer tuve tiempo de conocer chicos. En mi barrio "residencial", vinieron de una cuadra colindante un grupo de jovenes "conquistadores" a explorar nuevas tierras. Las nativas (nosotras, tres chicas adolescentes) de las cuales dos terminamos ligando chico entre los foráneos.



No era que yo tuviera jale, en ese entonces me creía poco atractiva y no es que crea que soy una bomba sexy pero creo que cada mujer tiene lo suyo, sin querer y queriendo terminé en un lío que solo comentaré a grandes rasgos. Se me declararon tres chicos de ese grupo: uno era el que se creía el rico "T" ( y lo era el muy maldito - sorry, Q.D.E.P.), el otro era uno más moderado "M" y el último era más tímido y no me gustaba mucho pero se podría decir que era el adecuado de los tres, ¿adivinen con quien me metí? Pues sí, todas tenemos nuestro cuarto de hora, en fin, historia pasada, terminé siendo enamorada de "M" pero eso se truncó por la intervención de "T" quien era el que más me gustaba pero que sabía no era el apropiado, todas sabemos eso y como todas caí en pensar que sería la excepción.

Con un tiempo en soledades y decepciones se presentó lo inesperado, uno de aquel grupo, el más tímido y el más tierno se había mantenido oculto, él era el chico ideal: un caballero, muy tierno, respetuoso, un tipo con porvenir, aquel, que lamentablemente se termina viendo solo como un buen amigo, se había fijado en mí pero yo no, eso terminó muy feo, muy mal.

El tiempo me hizo recuperar y permitir el saludo de algunos, las cosas se fueron aclarando porque en medio todo, cada quien vio lo que quiso mirar. Con el tiempo maduramos, crecimos, nos encontramos por la calle y lo saludos se fueron dando, pero cada quien en lo suyo: trabajo, estudio, nuevos amores, otra vida. Nos fuimos convirtiendo en la anécdota o la vivencia significativa del otro, cada quien decide qué fue.

Aprendí a besar, aprendí a diferenciar besos, aprendí a ver qué me gustaba de una persona y que no... aprendí a llorar por una decepción y por decepcionar a otros, aprendí a pedir peidr perdón y a perdonar esa clase de errores que se cometen cuando uno se ilusiona y desea conocer el amor en su adolescencia.

En esos momentos pensé que había vivido muchas cosas y al mismo tiempo que había llorado mucho y que había aprendido mucho; pero muchas cosas más estaban por venir.

El amor en nuestros tiempos parece que ha dejado de tener ese color rosa, esa ilusión única que se vive con una única persona, parece que para conocerlo o reconocerlo como único hay que haber aprendido, haber vivido experiencias que nos hayan acercado a él... no sé, solo parece que fuera así.

1 comentario:

El Drac dijo...

Es cierto el amor ya no es como antes es que uno de los defectos de la revolución femenina es que también adopatan las malas costumbres que se les achacaba a los hombres, juergas, cambiar parejas en forma consecutiva, dar más importancia al dinero y a lo físico y ser cada día menos pudorosas que todo lo anterior nos marcaban un lindero de respeto hacia la mujer;ahora que casi no lo hay ya te imaginarás en qué plano está el amor y los frutos de él: los hijos. Un gran abrazo