martes, 21 de septiembre de 2010

La única ventana abierta

La única ventana a mi vida real o imaginaria es mi blog. Aquí sigo compartiendo y mezclando lo mío, lo de otra y lo de aquella.

Lo cierto y lo falso se mezclan, lo vivido, lo imaginado o lo deseado también. Lo que me cuentan (sin la infidencia de decir de dónde viene con nombe y apellido, respetando como se debe la PRIVACIDAD QUE OTORGA LA AMISTAD - tema de un post) de manera literal o trabajada... lo que salga.

Escribir, aunque no sea lo mejor que haga, saca de mí lo mejor que tengo. Mi peor momento o el mejor, mi odio más grande o mi más grande amor... espero siempre saque lo mejor de mí, la efervescencia de la emoción que vivo con toda la intensidad en la "cresta de la ola".

Nada como escribir para sentirse aliviada.

Un buen amigo mío, K, me ha dicho: ¿Por qué si has "privatizado" todas tus redes sociales y correo, no haces lo mismo con tus blogs? Mi respuesta fue sencilla e inmediata: "No quiero". No quiero privatizar mi blog porque a través de este he "conocido" y compartido opiniones con personajes que se han convertido en personas importantes de mi mundo virtual como Adolfo Payés o Yared o mi estimado Drac.

Mi blog, para mal o bien, se ha constituido en una parte importante de mi vida, una parte que me sirve de refugio o de escape; no es mi ancla y hace más de un año dejó de ser mi paño de lágrimas o mi muro de lamentaciones. Mi blog ha retornado a su etapa inicial y de creación, a su esencia, a su intención primaria, a su propósito de existir.

Como la vida misma, ha registrado las subidas y bajadas, lo feo y lo bonito, lo absurdo y lo necesario, lo que fue y lo que hay, lo que está o estará.

Los que lo leen podrán creer en cada palabra escrita o pensar que soy bipolar o que sufro de personalidades multiples, pues salto de un tema a otro, de una emoción a otra, de un mundo a otro... con la misma facilidad con que se lee uno, se lee otro... ¿y? Por alguna razón pasan por aquí y yo los dejo asomarse por una ventana que he dejado de mis vivencias, que es la misma por la que veo yo a todos y a mí misma.

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