lunes, 26 de octubre de 2009

Adiós Lisset...

Cuando la muerte es incomprensible y debo comprender que simplemente es así.

Te recuerdo, no hace mucho, apurada con tus copias, siempre regia, siempre tú caminando por el patio con tu mandilito de maestra primariosa dedicada y entregada; con nuestras conversaciones "al paso" que de al paso solo tenían la rapidez del tiempo no así en la profundidad de los temas. Cosa curiosa, conversar en poco tiempo nuestras vidas en puntos de quiebre, cosas importantes, cosas relevantes... andabas a la moda y siempre maquillada, muy guapa tú; pero jamás los trapos fueron nuestro tema... siempre te ponías "lo primero que veías en el closet"... jajajaja... todo te quedaba bien, todo te quedaba perfecto...

Recuerdo que estabas orgullosa de tus tres hijos, de tener un hogar grande, unos niños que aunque les hacia falta su mamita por los horarios cruzados, tenían a la mejor mamá y eso lo veíamos todos, pero creo solo faltó que lo vieras tú... no sé; recuerdo que yo te jodía diciendo tus hijos además de haberte dado felicidad te dieron cuerpo: uno te dio poto; otro, tetas y el último te afinó... ¡qué bronca!... ¡qué regia que estás maldita!, ¿qué nos dejas a las solteras? (cuando era soltera), ¿qué nos dejas a las casadas sin hijos?... no era justo... te jodía siempre por eso, siempre... hablaba mi envidia sana... jajajaja... ay las mujeres.

Eras la mejor maestra que un colegio estatal, como el nuestro, pudiera tener... ¿quién era la preferida para enseñar primer grado?... Lisset... la mejor... los papis hinchas averiguaban y ¿qué tal la profesora Lisset que le va a enseñar a mi hijit@?... Es la mejor... ¡qué suerte! Apóyenla... pero parece que tampoco viste esto.

Estudiabas tu maestría... asu mujer... ¡cánsate pues!... pero parece que decidiste detener todo de un tirón.

La muerte cuando llega avisada por una enfermedad es tomada en tiempo de espera, simplemente estamos aguardando el momento en que llegue como un remanso de paz que necesita el moribundo y que llama en silencio con un grito desesperado a llevarse el dolor, la pena y el sufrimiento.

La muerte cuando llega por un accidente nos toma por sorpresa, tenemos que asumir el dolor, estudiar las circunstancias, analizar las causas, entablar la culpabilidad de los partícipes y que la justicia siga el curso de los hechos.

La muerte en manos de otra persona por asalto o terrorismo, afecta a todos, a una sociedad, a un país... se convierta en una estadística contra lo que deseamos hacer algo pero mientras el Congreso decida sobre el aborto, el conflicto con Chile u otros asuntos; el ciudadano muerto solo es un número en la cuenta que refuerza la petición de muerte contra aquellos que deciden acabar con la vida de otros sin permiso de nadie amparados en los Derechos Humanos que terminan siendo usados y manipulados por ellos, que no respetan los Derechos Humanos de ningún otro humano. ¿Qué?, ¿solo los ladrones, violadores, nacotraficantes y terroristas son humanos?, ¿por qué ellos son los únicos que los reclaman cuando se les va a juzgar?, ¿quiénes son ellos para acabar o decidir terminar con la vida de otros humanos? Solo seguimos esperando a no ser la próxima estadística, que los "humanos elegidos" no nos encuentren y no nos convirtamos en su próxima víctima.

La muerte decidida por voluntad propia es, para mí, la más incomprensible de todas; no sé si es un acto cobarde o valiente; siempre me encuentro en la dicotomía, en la duda, en la disyuntiva... tratar de meterse en la mente de quien la desea, la piensa o la ejecuta es tan difícil porque terminamos con argumentos solo de su exterior, de lo que nos mostró, de lo que vimos, de lo que creímos, de lo que quisimos ver... jamás llegamos a entender la razón, el motivo, la causa que lo movió a ello. Todo termina quedándose en el ejecutor y víctima.

Cuando decimos "nadie es indispensable, todos son reemplazables"; yo no lo creo así; es fácil decirlo en el trabajo cuando hay algún profesor ocioso y faltón o hasta cuando tropezamos con un mal amor; pero finalmente no... si lo vemos en una dimensión más amplia, más grande, más universal... si pensamos que todos venimos a cumplir una misión, si pensamos en que alguien toca nuestras vidas, aunque sea por unos minutos, y a partir ese contacto tomamos decisiones... es decir, algo pasa a razón de otro ser... esa persona ya fue importante, se hizo indispensable para que ello ocurra.

Cuando alguien muere, nos damos cuenta de cuán importante era en nuestras vidas y que no nos dimos cuenta porque vivimos en forma egoísta, porque nos dejamos llevar por la corriente de nuestra rutina diaria, porque perdemos la perspectiva de lo que hay a nuestro alrededor...

Cuando muere una amiga, sientes que una hermana se ha ido, que una parte de ti ya no estará, y que aunque es una pieza del rompecabezas de tu vida, en realidad cuando acabes de armarlo, siempre verás ese espacio vacío... esa pieza que se perdió, que se fue sin despedirse y que jamás tendrá reemplazo...

Cuando te fuiste Lisset, me tomó por sopresa todo, todo, todo... pero te recordaré como la madre abnegada y preocupada; como la excelente maestra que fuiste, que siempre buscaba mejorar y perfeccionarse; como el ser humano con sentimientos nobles y como la mujer luchadora que siempre quise imitar.

Adiós Lisset, adiós amiga y donde quiera que estés encuentres la paz que te mereces.

2 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Muy sentido, has realizado un escrito estupendo. La muerte, la vida es el camino que llevamos..

Es un lujo leerte.

Un abrazo
Saludos fraternos.

Dally dijo...

Gracias.