jueves, 13 de agosto de 2009

¿En qué momento me volví adulta?

Reflexión... gran reflexión. Creo que los treintones no nos damos mucha cuenta de en qué momento exactamente ocurre la mutación de ser un adolescente feliz sin preocupaciones y con tanto, tantísimo por hacer y con ese tiempo y futuro tan largo, tan lejano que ahora parece habernos alcanzado el paso y casi, casi, casi lo estamos persiguiendo con pasitos chiquitos que van a prisa pisándole los talones.

Quisiera ser conciente del momento en que dejé de soñar con ser grande, con ser maestra, con casarme, tener hijos, ser "recordada"... llevo 10 años de ser maestra en un colegio nacional y sí que soy recordada (hace muy poco lo noté con el reencuentro de mi primera promoción a cargo - mis hijos de 5to. C- muchos de los cuales ya me han dado nietos)... y bueno de alguna forma siento que he trascendido porque ellos me lo recuerdan, ellos me hacen saber que era su "mamá" a la edad que ahora ellos tienen; y ahora ni de vainas les permito que me digan mamá y menos "miss"... ya dejé de ser su "miss" hace unos 8 años... ya bastante; pero miren la situación, ellos tienen la edad que yo tuve cuando fui su tutora de promoción (24 años) y varios están casado o conviviendo (otra forma de matrimonio) e incluso tienen hijos, sí ...jos... o sea más de uno, pero que tal con... que son que me siguen diciendo "miss" cuando ya no les enseño y aunque varios han admitido que se me ve muy bien y bastante joven, igualita a cuando era su maestra, yo notaba en ellos sus mismas actitudes (dos horas para decidir a dónde ir, cómo ir, a quiénes esperar y demás cojudeces que ya sacaban a relucir mis bien llevados 35 años)... y me resultaba muy molesto verlos como adolescentes de 24 años y ahí... bummmm... ¡Oe! ¿qué?... no puede ser, ¿yo era así a su edad?... miraba a Kenneth (un exalumno del cual nunca fui maestra y terminó siendo uno de mis mejores amigos, es un joven viejo, alguien de 23 - bastante precoz - pero con metalidad de 40)... en fin miraba a Kenneth y le decía: - Es mi impresión, la "menopausia", mi regla o simplemente mis 35 años lo que me está provocando este enojo hacia gente que dejó de ser adolescente hace rato... y él: - Calma mujer, no eres tú, son esa sarta de huevones que aún no crecen... y yo: - Te dije, están igualitos... jajajaja. Luego pasé a una fase de ternura maternal incomprensible, volví a ser su maestra por un par de minutos a la distancia de los hechos. Kenneth ya estaba enojado.

Han pasado un par de semanas desde el evento y volví a mi reflexión, ¿era así a mis 24?... y no... no lo fui... yo ya tenía un título universitario, un par de relaciones serias mal acabadas, un trabajo estable y satisfactorio, planes, metas, camino a una maestría, a comprar un departamento... me había llenado de metas, objetivos y propósitos que no me dejaron ver que crecía, que estaba perdiendo cosas en el camino guiada solo por la responsabilidad de querer, de alcanzar, de tener... solo miraba lo que tenía al frente y tenía tantas ganas, tantas fuerzas, tantos ímpetus, tanto, tanto por delante que todo parecía posible, aunque lejano y había tiempo, mucho tiempo.

Ahora estoy reposada, bastante tranquila (ojalá no sea la calma que precede a la tormenta) y miro para atrás y hacia adelante, mi hilo de decisiones (algunas acertadas, otras fallidas y otras perdidas); miro y noto que no todo es estable ni siquiera los trabajos estables, que se sobrevive al desamor, que se aprende con cada experiencia, que se conoce gente maravillosa en el camino que te hace menos dura la travesía del tiempo y de los cambios, que la responsabilidad debe ser con placer y no con obligación, que debes miran al costado algunas veces (para ver qué tienes, quiénes te acompañan), que ya no se debe mirar atrás (a no ser que sea para mirar todo lo andado), que se debe mirar hacia adelante pero sin prisas, difrutando el trayecto, el paisaje, la gente; que hay personas que te quieren, que son más que las que no te quieren; que hay personas que te adimiran, no solo porque eres su maestra sino como mujer, como ser humano; que hay otros ojos que miran en ti a una mujer atractiva y deseable, a pesar de los kilitos de más; que miran tus ojos y ven a alguien, que por andar con la autoestima algo golpeada, hace mucho no ves en el espejo por las mañanas al mirarte; esa persona que mira lo que por un momento olvidé, me lo recuerda con halagos, con cariño, con ternura y con pasión.

Me volví adulta porque valoro la experiencia de mi vida, de los años que han pasado, valoro a la gente que conozco, porque quiero y me quieren y sé que es eso sin lugar a dudas...

Me volví adulta al hacer esta reflexión, en una pausa con un vaso de ginger al... en una sala crema, cómoda, limpia, en una soledad apasible que no aplasta ni oprime, que no jode ni carcome; sino que se siente rica como una brisa porque se sabe momentánea pero necesaria...

En qué momento me volví adulta, exactamente no sabría definirlo; pero sí sé que lo soy ahora con todas mis imperfecciones y con mis juegos de niña y con mis palabrotas y con mi deseo de no querer ir a trabajar algunas veces (siendo maestra vale decir algunas mañanas: "No quiero ir al colegio"), con mis ganas de jugar en la laptop, con mis ganas de ser mimada por mamá o consentida por mi papá... soy adulta con todo eso y seguro otras cosas no tan de adulta que se me olvida mencionar ya por mis buenos años de adulta encima...jajaja...

3 comentarios:

No te vayas a quedar dijo...

creo que asi tengamos 20. 30, 40,50 o 60 nunca debemos dejar a la niña, a veces engreida, malcriada, transtornada, tierda. agria y dulce a la vez que todas llevamos dentro.

Lafrau dijo...

Hay que ser adultas para las deciciones pero siempre hay que guardar y sacar la niñez que llevamos en nuestros corazones, eso nos hace ser mejores.
Un abrazo,

Raulín Raulón... dijo...

Hay cosas que siempre llevaremos, una o unas cuantas de cada década.

Me gusta la palabra "reposada", yo creo que esa es la clave de la adultez: La falta de miedos y odios hacia el presente, pasado y futuro. Sobretodo, el momento en que decidir ya se puede hacer sin ningún temor.

Para esta navidad, pediré como regalo mi adultez.