jueves, 27 de agosto de 2009

De amor no se muere

Y menos cuando descubres que jamás fue amor. Hubo veces en que realmente sentí que moría, otras en las que realmente pensé no sobreviviría, que todo estaba contra mí y que sin él (aquel que arruinó mi vida en el 2000 cuyas iniciales son OTU) no podría seguir viviendo, no tendría una sonrisa en mi rostro y que solo haría un río de lágrimas a lo largo del recorrido de mi vida.

Cuando terminó conmigo, que debo admitir no fue la primera vez que alguien lo hacía, de hecho era la segunda vez, pero sin duda fue la primera realmente significativa, fue aquella que no crees posible, primero porque fue impredecible, no es de los casos que dices "Lo vi venir", aquello fue un atropello, fue un disparo a quemarropa y por la espalda, será por ello que desencadenó cosas en mí que jamás creí posibles, fui entonces la mujer más débil de mi historia, no quería comer y si lo hacía no digería nada, bajé 10 kilos de un tirón y en un mes, no podía dormir (se contituye en el antecedente de mi insomnio), no podía trabajar, me tomé medio año sabático, solo trabajé en un solo colegio y a duras penas me levantaba cada día para ir a trabajar, demoré un año para resuperar mi salud y casi dos para olvidarme de él. Sí, lo admito, fue demasiado dolor junto, demasiada ilusión puesta, demasiados sueños en juego, mi vida entregada a alguien que jamás había valido la pena.



Aquella vez sentí que moría, nunca pensé que podría llorar tanto, no hubo día que no lo recordara, no había día en que deseaba que me buscara, tuve que hacer un esfuerzo más allá de lo imposible para no llamarlo, él lo hizo un par de veces (no sé por qué mierda los hombres hacen esto: te piden que no los llames y ellos te llaman, qué, por qué no lo decimos, asumen que ellos pueden hacerlo, habrá que decirles: "No jodas tampoco"), una para disculparse y la otra para recriminarme y de ahí pasó casi dos años para que nos volvieramos a comunicar y ahí el dolor resucitó, la pena renació, las noches de insomnio volvieron, el llanto y la desesperación se adueñaron de mí para prolongar mi casi muerte. ¿Dije que me había recuperado luego de dos años?... y acabo de decir que luego de que nos comunicáramos, dos años después, resucitó mi dolor... no me contradigo, porque el dolor que sentí si bien profundo, fue breve... descubrí que había crecido, que jamás me volvería a sentir así; que si él no había sido para mí, era porque había alguien más; que de amor no se muere... sí, porque debo admitir que lo amé y mucho.

Lo dejé cuando quiso irse, no lo retuve, no lo busqué... él sí a mí, pero creo fue por esa enfermedad masculina (que solo la padecen los machos, patanes y maltratamujeres) de dar la última estocada... ¿cuándo acabó? Acabó cuando yo le puse fin a mi llanto, cuando enterré mis recuerdos, cuando me dediqué al trabajo y al estudio (cosa que siempre me ha resultado como sedante y desmemoria, gracias a Dios), cuando dejé de responder sus llamadas (si quería limpiar sus culpas, que use papel higiénico; jamás le perdonaré el haber sido tan cobarde y mentiroso y si quiere o no vivir con eso, asunto de él), cuando cambié de rumbo mi vida y decidí encaminarme a concretar mis sueños y metas planteadas a solas, así hice una maestría, compré un depa y me volví a enamorar sin culpas, más preparada... sin más penas, ni tortuosos finales, ni dolorosos y prolongados sufrimientos inútiles; he llorado sí, pero por aquello que ha valido la pena perder, por aquel hombre que fue humano, digno y sensible y que por cosas del destino tuve o tuvo que decirme adiós; pero por un patán, matón, miserable e infeliz no... esas son penitas breves pero no por él sino por una, que no aprende... y solo te queda lamentar el tropezón con la misma piedra inútil... se aprende a llorar la torpeza y luego se sigue... pues se aprende...

De amor no se muere y menos si no es amor... a esto último se deja ir sin pena, sin dolor y con el ferviente deseo de no volvérselo a encontrar en la vida... no por no recordarlo sino para que no recordarme lo estúpida que fui... ya se tiene vergüenza de eso a estas alturas de la vida...

1 comentario:

Juanito el caminante dijo...

Dally... te entiendo perfectamente, sabes a algunos nos pasa... tenemos ese masoquismo innato, esa tentación por el riesgo...

Dos años, lo mismo demoré en sanar, pero lo que me prometí era sanar para mi bien... para que yo la pase super y que alguna vez me vea rebien... y ya me vió...

Hasta 3 o 4 veces mejor que ayer...

ëxito y sigue caminando... date un salto por el mentón...