lunes, 15 de diciembre de 2008

Los efectos del vino

Es curioso elemento el vino, sé que acabo de parafrasear a alguien y no recuerdo a quién, disculpen el hurto de la frase... pero sí es curioso elemento el vino, al entrar al cuerpo por el torrente sanguíneo... produce un efecto consolador, adormecedor pero al mismo tiempo catártico y hasta doloroso... todo vuelve sobre nosotros, bajo sus efectos, como una gran ola que nos arroja al pasado, que nos lleva al futuro, para finalmente llorar o vomitar sobre nuestro presente.

Al mirar hacia atrás con la "resaca de todo lo vivido" me recuerdo feliz, en los últimos tres años (antes del fatídico 2008), la sonrisa asomaba a mi faz sin esfuerzo ni disfuerzo, y era limpia, clara, transparente... al volver atrás, mucho más, me recuerdo avergonzada, pero decidida (raro contraste, pero absolutamente real en mí por algunos años), emprendedora, pero temerosa, deseosa de comerme el mundo, llena de sueños y al mismo tiempo de decepciones, de errores, de contradicciones...

Al ver el futuro, me aterra lo mucho que ha cambiado, las dudas que me he generado, la espera inútil de que alguna vez llegara y ahora en él, sigue enfrente pero con otros caminos, sin compañía, incluso con el abandono de mi alma, me busco, sigo buscándome y no me encuentro, estoy sola, ya sin él, ya sin mí... ya sin mí... me siento piedra, me siento ventana, me siento silla, pero no me siento a mí... no estoy aquí, no hay nada en mí... y, a pesar de ello, sin un asomo de emoción, afirmo que el mar está en calma... y ese paisaje me es grato...

Al vivir mi presente, cual asquiento ante un plato exótico e incomprensible, vino la náusea a mí y sin más reparo vomito mi ser, mi ira, mi rabia, mi frustración que de golpe se aparecen pero solo como pasado acumulado que sale expulsado de mí, como vestigios de lo que pudo ser y no fue, de lo que jamás será y que hay que aceptar... vi salir ese mar rojo "vino" con fuerza, sin piedad, como deseando fervientemente salir de mí, de mi cuerpo, de mi vida... con una necesidad imperiosa y rara... como si se liberara de mí, de su yugo, de su dictador, de su patrón... y salió desmedidamente hasta que me sentí aún más vacía... pues el vino había llenado en mí el vacío que había estado sintiendo... lo llené, pero solo lo había ahogado momentáneamente, porque como han visto cual ave fénix resucitó de entre las cenizas y más vigoroso, atormentador y doloroso que antes.


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